EJES TEMÁTICOS

En las últimas décadas, la restructuración económica global y las diferentes crisis que la han generado y acompañado han tenido un impacto creciente sobre las condiciones de vida de la población, generando una demanda cada vez mayor desde el nivel local.

Desde los años 2000, a los avances en los procesos de descentralización se ha ido sumando un enfoque territorial del desarrollo, que busca y promueve la articulación de recursos y actores territoriales con la intención de expandir sus oportunidades. Se plantean así nuevos roles y responsabilidades de los diferentes niveles de gobierno que permiten reforzar la base económica de las comunidades locales impulsando sus capacidades y su potencial endógeno.

Bajo este nuevo modelo de gestión pública horizontal e integral, se busca generar espacios de concertación y formas de coordinación público-privada para abordar las diferentes políticas de desarrollo desde cada ámbito territorial, y generar los bienes y servicios públicos que se requieren para realizarlas. Este es el contexto y marco de la gobernanza desde la perspectiva territorial, en donde los gobiernos regionales y locales asumen un papel de liderazgo y un rol estratégico en los procesos de desarrollo, articulando la acción multinivel de diferentes actores para promover y reconocer las oportunidades de los territorios, con el fin de posibilitar un crecimiento económico con inclusión social. Al mismo tiempo, este enfoque territorial de desarrollo pone de manifiesto un desafío en cuanto a elevar los temas locales en las agendas internacionales de desarrollo, por ejemplo, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS).

La modernización de los sistemas productivos locales requiere de una institucionalidad mucho más cercana a sus problemas, potencialidades y circunstancias específicas, y de procesos de desarrollo económico de extensa base social para potenciar la lógica de la innovación y los encadenamientos productivos. Del mismo modo, el cambio de paradigma asociado a la restructuración de la economía mundial debe orientarse hacia la incorporación de innovaciones productivas que suponen un mayor valor agregado de conocimiento y una apuesta por la calidad y la diferenciación de los productos, así como la importancia de recursos humanos calificados. Eso implica modelos de organización productiva basados en la valorización de los ‘entornos territoriales innovadores’, que se originan en circunstancias específicas de los territorios y se despliegan gracias a la interacción de sus actores.

Se ha ido produciendo también un desplazamiento desde las ayudas financieras directas a las empresas, hacia las ayudas dirigidas a fortalecer los servicios territoriales de apoyo a la producción, destacándose el papel decisivo de las inversiones intangibles, en particular, en educación, y en investigación y desarrollo. Asimismo, hay un creciente interés en la satisfacción de las necesidades básicas de aquellos segmentos del mercado con limitada capacidad adquisitiva, incluyendo a los jóvenes, las mujeres y los pueblos indígenas. En la vinculación entre el fomento del emprendedurismo y la generación de empleo decente al nivel local, y las demandas reales insatisfechas en materia de alimentación, vivienda, medioambiente, calidad de vida, se realiza plenamente un proceso ‘territorial’ del desarrollo productivo con equidad social y sostenibilidad medioambiental. En este sentido, la economía social y solidaria, y la economía plural constituyen elementos fundamentales para un marco de desarrollo económico territorial sostenible e inclusivo.

A pesar de los avances en la descentralización y en la difusión de un nuevo modelo de gestión pública centrado en los territorios, así como de los resultados agregados en el combate contra la pobreza, las condiciones de vida siguen siendo muy distintas en los diferentes lugares de América Latina. En los últimos años, se han impulsado en diversos países de América Latina estrategias y políticas nacionales orientadas a reducir los marcados desequilibrios internos. Sin embargo, el análisis de las desigualdades regionales y el diseño de políticas públicas para contrarrestarlas puede resultar insuficiente para sugerir un panorama de desarrollo territorial; se requiere así que las políticas nacionales de desarrollo regional faciliten la creación de condiciones favorables para el despliegue de iniciativas desde los territorios, lo que abriría un espacio para la complementariedad.

Si la desigualdad territorial es un problema presente en la agenda de políticas públicas, el tema de las desigualdades territoriales aún no ha permeado lo suficiente en la agenda supranacional, es decir, en la agenda de las iniciativas de integración y cooperación entre países de la región.

Los mecanismos determinantes de la desigualdad territorial residen tanto en la especificidad de la distribución de los factores que afectan la competitividad de los diferentes territorios, como en la dinámica y en las relaciones centro-periferia. Sea cual sea el rol de los diferentes determinantes de la desigualdad territorial, la trayectoria de crecimiento actual está llegando a un límite, que desafía la posibilidad de asegurar el bienestar creciente de las mayorías latinoamericanas y caribeñas. Eso implica una nueva trayectoria de cambio estructural con igualdad para hacer frente a las nuevas circunstancias, que requiere a su vez de una especificidad territorial, y especialmente, de la cooperación entre actores políticos y sociales. En este marco, la integración urbano-rural juega un papel central para alcanzar una mejor organización e interconexión de los sistemas locales de producción y consumo.

En base a estos elementos, las ciudades y las regiones metropolitanas pueden y tendrán que constituir la fuente de impulso hacia un proceso de desarrollo con igualdad y cohesión territorial, que a su vez incorpore, como parte de un esfuerzo de construcción de comunidades urbanas sostenibles e inclusivas, el potencial de la economía social y solidaria, y de la economía informal Esto permitirá un pluralismo horizontal en las formas empresariales, y la integración flexible y valorización de sus modalidades de producción y transacción.

En el 2do Foro Regional de DEL para América Latina y el Caribe, las discusiones y el intercambio de experiencias provendrán de los diferentes territorios. Se profundizará el análisis del DEL como un vehículo para implementar los ODS a nivel local, y para orientar hacia sociedades más sostenibles, inclusivas e igualitarias. El foro profundizará tres ejes temáticos principales:

Competitividad y transformación de las desigualdades

Desarrollo Productivo y Gobernanza

Durante el foro, se analizarán asuntos de gobernanza para la construcción y fortalecimiento de procesos productivos. Será una oportunidad para dialogar acerca de la mejora de capacidades locales y ofrecer herramientas para el desarrollo territorial a través de estrategias de liderazgo, transparencia, planificación y gestión. Se considerarán los procesos de articulación multinivel, así como las ventajas de las políticas de responsabilidad social y de aquellas orientadas a promover un impacto territorial positivo de las empresas. Se estudiará el potencial de la inversión pública, la convergencia entre niveles de gobierno y la descentralización fiscal para el DEL.

Asimismo, se centrará en examinar el diálogo y representación social como estrategias para dar lugar a un desarrollo productivo equitativo. En este marco, la organización y participación de la diversidad deberán ser la base de las políticas públicas. El objetivo será mostrar diferentes tácticas de organización económica tales como las compras públicas y los mercados diferenciados para promover el desarrollo productivo. También se hará referencia a nuevos marcos de articulación público-privada y procesos para el autogobierno indígena y la construcción de la paz.

Competitividad y transformación de las desigualdades

El foro será la ocasión para examinar las nuevas agendas y las políticas de desarrollo territorial.

La intención es trasmitir que las políticas innovadoras son un medio para promover un cambio estructural territorial “desde abajo” en los países. También se resaltará la importancia de proporcionar espacios de integración que puedan ser combinados con marcos de políticas tanto regionales como nacionales. El foro permitirá una reflexión enfocada en esquemas de integración regional, cooperación entre países, estrategias de diferenciación y ventajas comparativas.

El foro también analizará la capacidad que tienen tanto los sistemas productivos locales como la competitividad territorial para reducir brechas. Se asignará particular relevancia al entorno empresarial, así como a las políticas y medidas para la transformación y diversificación de la estructura productiva desde el ámbito territorial. Este espacio también ofrecerá información sobre sistemas y capacidades endógenas para el aprendizaje y la innovación del DEL. Por último, se profundizará sobre el concepto de economía plural, pero también sobre las Pymes y su potencial para tejer redes que conduzcan hacia un cambio estructural y promuevan el empleo inclusivo.

Desarrollo urbano y cohesión territorial

El énfasis de este foro estará en la articulación urbano-rural y las ciudades intermedias en un marco de interdependencia y cohesión territorial. Dada la heterogeneidad de las estructuras productivas, la integración de ellas será un asunto central. Se discutirán temas como la movilidad de factores, las transferencias de recursos e ingresos y las migraciones internas. A su vez, se examinarán cuáles son los modelos que logran integrar producción y consumo para alcanzar un desarrollo social y medioambiental.

Por otro lado, el objetivo es esclarecer de qué manera se pueden construir comunidades urbanas que logren combinar un tejido productivo con la inclusión social bajo un enfoque cuyo eje sea el derecho a la ciudad. Para ello, se examinarán diversas iniciativas de economía social y solidaria, de cooperativas, entre otros. También se discutirá cómo se puede trabajar por el progreso de una población informal a través del desarrollo local. Por último, se considerará la alternativa de la “agricultura urbana” como respuesta de planificación ante los procesos cambiantes de transición rural-urbana.